Felicitacion de Navidad 22 diciembre, 2017 – Publicado en: Varios

Queridos y apreciados amigos/@s:
Un año más (y creo que con este ya van 14), me dirijo a vosotros para felicitaros en estas fechas tan señaladas.
Ya os tengo acostumbrados a este discurso literario que a veces en prosa, a veces en verso, critico los vicios, penurias y alegrías de nuestra profesión de forma –eso sí-, siempre lúdica o meramente burlesca y de paso estudiamos un poco a los clásicos olvidados del derecho. Riámonos un rato y os propongo dejar ese recurso pendiente para luego, o quizás para mañana (si no vence).
Varias razones me han llevado este año a analizar la relación entre el hecho y el derecho, el juicio y la relación entre abogados y jueces, razones que por prudencia debo guardar en lo más recóndito de mi ser, concretamente en mi intestino grueso.
Todos sabemos que el defecto de la pureza es el pecado y el defecto de la luz, la sombra. Ihering decía que el derecho es la lucha. Y he aquí una contradicción. ¿es que acaso el derecho no sirve para procurarse la paz?. También Unamuno decía que la fe sin duda es una fe muerta. ¿Pero por qué digo esto?. En todos nuestros sistemas jurídicos, siempre chocan la Ley con el hecho. La ciencia jurídica siempre se ha cuidado de analizar el derecho y separarlo de los elementos del hecho, pero nunca se ha preguntado cómo se combinan el uno con el otro.
En un juicio penal, el derecho lo hace el abogado, pero el hecho lo sabe el reo, afirmaba Carnelutti y por ello esa oposición del derecho al hecho. El hecho, decía el insigne jurista italiano, es en sí mismo una especie de isla misteriosa en el reino del derecho. Hecho y derecho se ven las caras en un juicio, luchan. Las partes luchan para convencer al juez. Una dice blanco y otra negro y el juez juzga. Ese blanco y negro, ese sí y no, esa cara o cruz es un duelo que las partes escenifican y personifican en un juicio. Esta lucha nos dice Carnelutti, crea dos partes instrumentales en el juicio: el acusador y el defensor. El juicio así, toma la forma geométrica de un triángulo (no amoroso): acusador, defensor y juez. El juez pregunta al acusado, a los testigos, pregunta a las partes, en definitiva, desarrolla la prueba. De ahí la importancia de la valoración lógica de esa prueba. Este espectáculo que todos vosotros conocéis muy bien, nos permite transitar desde el campo práctico al campo lógico del juicio.
Sin embargo, el juicio es un salto de lo conocido (los hechos pasados que pasaron de la posibilidad a la existencia), a lo desconocido. El juez urga en el pasado del inculpado y después en su futuro (cuando le condena o absuelve) y por ello la función del juicio es esencialmente la de unir, a través del presente, el pasado al futuro.
Ese pasado al que antes hacía referencia, es historia y por ello el juez como un historiador, hace un juicio histórico. Para el juez conocer ese pasado es el paso obligado para conocer el futuro (que le espera al pobre acusado), Por ello, el juez, después de hacer ese juicio histórico, realiza un juicio crítico. Este juicio crítico es el que verdaderamente sirve para juzgar.
Y este juicio histórico más el juicio crítico que siguen un camino obligado hacia el futuro (la sentencia), presenta un problema y que no es otro que la aplicación de la ley al hecho. Se combina lo abstracto con lo concreto.
Algunos dirán o podrán pensar: “este se ha fumado un peta navideño”, o que Papá Noel me ha regalado una cachimba con tabaco de la risa. Pero no. He leído al maestro italiano como de costumbre y he sufrido como todos, los avatares de los juicios. Quienes tengan en sus manos la defensa de un cliente sabrán a qué me refiero. Pero esa lucha entre el hecho y el derecho también se traduce en una lucha en ese triángulo no amoroso que es el juicio. El juzgar es materia distinta muy distinta a la de defender. En un lado se agradece la imparcialidad pero en el otro se trasluce la parcialidad obligada por la buena defensa.
Por ello queridos amigos no debemos olvidar que en nuestro ejercicio es rara la comunicación personal entre abogados y jueces, existe una cierta frialdad que a veces se agudiza en una abierta hostilidad con los abogados. Para los jueces los abogados somos refinados artífices de sofismas judiciales. Existe una patente y oficial desconfianza hacia los abogados. Y esto lamentablemente no debería ser así. Decía el maestro florentino Calamandrei en su libro El elogio de los jueces, que las virtudes que más se honran de un juez –la imparcialidad, la serenidad y la resistencia a las seducciones del sentimiento-, no brillarían tanto si a su lado, dándoles mayor realce, no pudieran afirmarse en contraste las opuestas virtudes de los abogados, que son la pasión por la lucha y la tendencia a ablandar bajo la llama del sentimiento, el duro metal de las leyes para formarlas mejor sobre la viva realidad humana.
Los abogados tenemos una noble función y una importantísima función: crear jurisprudencia. Sí señores crearla!!!. No debemos olvidar que la jurisprudencia la crea el abogado y la escribe el juez. Nuestro deber es convencer y defender y por ello los jueces cuando los abogados hablan tienen el deber de desconfiar de él y pensar que lo queremos engañar en beneficio de nuestro cliente. Por ello una sabia reflexión a modo de consejo: como decía Calamandrei, es mejor saber callar a tiempo, porque con ello muchas veces acreditamos sabiduría y discreción. El silencio o una oratoria sencilla y breve es muchas veces más efectiva. No debemos olvidar que los jueces muchas veces descansan mentalmente cuando el abogado se calla. No olvidéis: brevedad y claridad en el discurso, aunque muchas veces no podamos hacerlo. Ahora bien: os preguntareis ¿y si tengo que sacrificar una de ellas por cual me decido? ¿por la brevedad o por la claridad?. ….. Os dejo pensar…… ¿ya lo habéis decidido? El Maestro florentino os diría que por la brevedad porque la claridad si no es breve aburre, en cambio si se es breve y poco claro, el juez puede pensar que si el abogado ha hablado poco es que debe tener razón….. Pero eso en la realidad nunca pasa, pobre ingenuo mi amigo Calamandrei.
Queridos amigos y amigas, sed buenos y comed perdices, aunque después de esta crisis nos comeremos unos a otros en plan walking dead, pero sobre todo, sed felices. Disfrutad de la familia, escapad de la suegra, comed las uvas sin atragantaros, coger un Uber a la puerta del Sol y celebrad estas cortas vacaciones que la semana que viene teneis que volver a hacer números para pagar las facturas como buenos autónomos o autómatas, además de tener que preparar los trimestrales del IVA y del IRPF junto con el anual del IVA hasta el 31 de enero (felices fiestas jejeje).
Dicho lo anterior no quiero dejar de pensar que la vida de un juez está indisolublemente ligada a la vida del abogado y por ello deberíamos reconocer ambas partes en un íntimo diálogo el amor que nos sostiene, dándonos un cordial apretón de manos, aunque deontológicamente parezca algo inapropiado……
No quiero dejar de mencionar que este año incorporo en este mail a un elenco de nuevos amigos para su deleite o aburrimiento pero como siempre, el correo no tiene destinatarios o los mismos están ocultos por esos temas tan manidos de la protección de datos que tanto nos aburre y despersonaliza.
Lo dicho. Sed buenos y sobre todo sed felices y espero que este año también hayais aprendido algo más de los clásicos que aquí cito en forma de plagio para vuestro deleite, esos que ya no se enseñan en la universidad pero que mucho nos sirve para fundamentar escritos.
Una última petición navideña: no habrais este mail que si no se activará un virus en forma de papá Noel que con una bolsa enorme repartiendo Bitcoins paralizará vuestras pantallas durante varios minutos y os solicitará que suscribáis unas preferentes o una hipoteca con cláusula suelo para poder recuperar el PC. ¿no lo habréis abierto verdad?……
FELIZ NAVIDAD ¡!!!.

SERGIO AMADEO

« ¿Cuánto tiempo debo guardar toda la documentación de mi empresa?
Las bases de datos como mecanismo de prevencion de demandas de responsabilid profesional »